Enseñanza de la Misión de Navidad: La Alegría

Por: Hermana María Teresa del Amor de Dios, SMADIP

EL EMISARITO, 24-01-2018- Entrados en el mes de enero pensando en ese balance que en se hace de las experiencias vividas en la Navidad, reflexionaba sobre las enseñanzas que para mí dejó la Misión de Navidad en Aguadas, tratando de condensarla en una palabra, saltó del fondo de mi corazón una: “Alegria”.

Justo ayer en la homilía que hacia un Sacerdote centroamericano que celebró en mi Parroquia, hablaba de que no se puede atentar contra el Espíritu Santo y en el Evangelio de ayer narraba como los personajes de esa época no reconocían a Jesús, y cómo Jesús les hablaba que un reino no puede estar dividido y que los pecados contra el Espíritu no se perdonan. El Sacerdote nos decía que precisamente no reconocer la acción del Espíritu en  Jesús, es atentar contra Él… El Espíritu Santo.

Pensaba en en el Espíritu Santo, en sus frutos, en Papito Dios, en  Jesús… En mi Dignidad de Hijas de Dios… Mi ser como templo del Espíritu Santo… El ser y  actuar trinitario de Dios… “Alegría” fruto del Espíritu Santo.

Y así vinieron a mi corazón las imágenes de la Misión de Navidad, la alegría del compartir con los abuelitos del centro Social, los rostros de las buenas mujeres que  colaboran en  él, los rostros  de los abuelitos en la celebración de la novena de Navidad, sus rostros que se trasformaban en risueños, los rostros de los niños en la capillita del Niño Jesús en san Nicolás el Edén, los rostros de los niños en las novenas de la Terminal de transportes o en las diferentes personas niños, jóvenes, adultos y mayores que en  familia nos invitaron a compartir la novena de navidad… En la alegría al empacar los regalitos para los abuelitos y para los niños en la parroquia de la Inmaculada, en la calidez del párroco y de quienes le colaboran.

Pensando en todas estas experiencias, muy bellas por cierto, también se cruzaron por mi mente otras no tan gratas que me molestaron o incomodaron… pero agradecí por ellos… Sí agradecí a Dios por tener una amiga hermana que en algún momento me dio una clave importante para mi vida cuando me dijo: “No te dejes robar la alegría. Eso es lo que el sapo quiere”¡No te dejes robar la alegría que es fruto del Espíritu Santo!

Así que a cuidar esa alegría, a dar gracias a Dios por ella y, sobre todo, dejar que ella nos inunde, que el actuar de Dios en su Espíritu Santo, inunde nuestra alma, nuestro corazón. ¿Cómo no dejarnos inundar? Si todo un Dios quiso restaurarnos. Eso es el plan redentor de Dios, a eso vino, por eso se encarnó: por Amor, por restaurar nuestra Dignidad de Hijos de Dios, por su Hijo, por Jesús somos redimidos, esa redención se hace vida, toma vida, es Navidad… Toma vida en mi vida y en tu vida,  cuando me dejo y te dejas permear de la Alegría la verdadera alegría que inunda el alma, la permea toda y brota al exterior como una corriente cálida y llena los corazones de quienes te circundan, como se llenó en los abuelitos del centro Social y de las personas con las que compartimos.

Meditando en lo anterior,  y  pensando en escribir algo sobre el tema, encontré que  San Juan Pablo II en su audiencia del miércoles 19 de junio de 1991 se refiere a la alegría, este es el link, vale la pena leerla:

https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1991/documents/hf_jp-ii_aud_19910619.html.

Su Santidad Francisco también se ha referido reiteradamente. Por ejemplo,  nos ha dicho: “No se dejen vencer, ni engañar, ni pierdan la alegría, ni la esperanza ni la sonrisa”, esto lo expresó a los jóvenes que lo esperaban en la Nunciatura en su reciente visita a Bogotá el 6 de  Septiembre de 2017.

Al día siguiente, ante unos 22.000 jóvenes que lo esperaban en la Plaza de Bolívar de la capital colombiana, Francisco dijo desde el balcón del palacio cardenalicio: “No se dejen robar la alegría ni la esperanza”.

Y el  24 de julio de 2013 en el Santuario de Aparecida: nos decía “La tercera actitud: vivir con alegría. Queridos amigos, si caminamos en la esperanza, dejándonos sorprender por el vino nuevo que nos ofrece Jesús, ya hay alegría en nuestro corazón y no podemos dejar de ser testigos de esta alegría. El cristiano es alegre, nunca triste. Dios nos acompaña. Tenemos una Madre que intercede siempre por la vida de sus hijos, por nosotros. Jesús nos ha mostrado que el rostro de Dios es el de un Padre que nos ama. El pecado y la muerte han sido vencidos. El cristiano no puede ser pesimista. No tiene el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo. Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se ‘inflamará’ de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor. Queridos amigos, hemos venido a llamar a la puerta de la casa de María. Ella nos ha abierto, nos ha hecho entrar y nos muestra a su Hijo. Ahora ella nos pide: ‘Hagan todo lo que él les diga’ (Jn 2,5). Sí, Madre nuestra, nos comprometemos a hacer lo que Jesús nos diga. Y lo haremos con esperanza, confiados en las sorpresas de Dios y llenos de alegría. Que así sea”.

Este es quizás el mejor resumen de lo que fue la misión de Navidad en Aguadas y en todos los sitios de Misión donde nos hicimos presentes los Misioneros del Amor del Divino Infante de Praga: en La Marina, en Suesca, en Bogotá, en Soacha, Villa de Leyva, Ciénega etc.

La palabra que engloba la Navidad,  la encarnación del Niño Jesús y nuestra experiencia misionera se resumen en una palabra que nace del Corazón del Niño Jesús en su Espíritu Santo, por Papito Dios; que hizo que nuestro corazón se inflamara de tanta alegría que contagiará a cuantos encontramos a nuestro alrededor, esta palabra es “Alegría” en el Corazón del Niño Jesús.

¡Gracias al Divino Infante por lo que nos permitiste vivir!

Aquí algunas imágenes en los diferentes lugares de Misión:

Gracias por difundir el mensaje de EL EMISARITO

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